• “El león de Vargas Lleras” Rafael Guarín en Semana

    ¿Alguien puede creer que un candidato a la Presidencia de la República sea realmente “duro” frente a las Farc y al acuerdo de La Habana, cuando su asesor en esas materias es el exguerrillero León Valencia? Es tanto como tener de asesor a Álvaro Leyva o a Piedad Córdoba.

    Vargas posa de crítico fundamentalmente por conveniencia electoral. A lo largo de la negociación en La Habana mantuvo comunicación con el Secretariado de las Farc y lo hizo a través de León Valencia. Nunca lo ha admitido públicamente. ¿Por qué?

    ¡No es cuento! El propio Valencia lo certifica con orgullo y sin disimulada lambonería con Vargas y con los asesinos de las Farc. En una de sus columnas (Vargas Lleras al ruedo) señala que le transmitió a Vargas que las Farc “estaban muy inquietas” “con su actitud”, según el embajador cubano, ante lo cual este le contestó que “estaba dispuesto a ir a La Habana si lo autorizaba el presidente para hablar de forma discreta con la guerrilla”, es decir, en secreto, que nadie lo supiera. Para Valencia, “Vargas Lleras envió un mensaje claro de respaldo a la negociación y de impulso a lo que se acordara en la mesa”.

    Al que hoy se le “chispoteó” la repentina crítica, siempre ha apoyado el proceso de paz, el acuerdo y su imposición, aún después de que fuera desaprobado en el plebiscito. Más aún, en una de las entrevistas reafirmó que no se arrepentía de haber hecho campaña por el Sí y menos aún se ha escuchado su inconformidad con que el Gobierno al que pertenecía y las Farc desconocieran el resultado del 2 de octubre. El exministro dos veces de Santos, su vicepresidente, su “leal y buen amigo”, se esmera ahora por representar la voluntad ciudadana que él mismo ayudó a burlar.

    !Hay más! Al otro día de la derrota en el plebiscito, Vargas llamó a su consejero, al exguerrillero amigo de las Farc, para reivindicar que “sus partidarios y aliados habían ganado… en todos los lugares donde tenían el Gobierno” y que eran “otros los líderes y otras la regiones donde habían perdido”. De lo cual, el acucioso Valencia concluyó que Vargas “quería reafirmar su solidaridad con la causa de la paz y despejar dudas sobre su accionar político”. Evidentemente, las dudas eran las de las Farc, obvias destinatarias de la conversación.

    La asesoría de Valencia no es nueva. En el Ministerio del Interior Vargas le encargó, con un millonario contrato, la tarea de analizar las campañas y la acción de los partidos políticos en las elecciones de 2011, en particular la influencia de las bacrim. Recuerdo perfectamente, como viceministro de Defensa, las voces de molestia en la Policía porque en Mininterior le daban más credibilidad al asesor de la Fundación Arcoiris que a los informes de inteligencia.

    Valencia puede ser asesor de quien se le de la gana y Vargas Lleras puede asesorarse de quien quiera, lo que no puede ser es que venga a disfrazarse de crítico de lo que está ocurriendo con el acuerdo con las Farc, cuando su verdadera línea política la fija con su asesor. En eso, doctor Vargas, hay que ser transparente ante la opinión pública.

    Finalmente, al revisar los publireportajes que concedió esta semana saltan a la vista varias cosas que ratifican que Vargas ha estado, está y se mantendrá en los carriles fijados por Santos y Timochenko. Por ejemplo, defiende el acuerdo, no lo cuestiona, no lo interpela, ¡!o apoya! Con algunas de sus elaboradas respuestas quiere dejar la sensación de que no es así, pero estas parten de la base de su respaldo al acuerdo.

    Se cuida eso sí de afirmar que los problemas se derivan de la implementación y en concreto de la ley que reglamenta la jurisdicción especial para la paz, lo cual es una mentira imposible de tapar. Los detalles que ahora al señor no le gustan aparecen claros en el texto del acuerdo que él ayudó a imponer. ¡Claridades, doctor Vargas!

    Sobre los temas que más preocupan a los colombianos, no dice nada. Calla sobre la pretensión de que los delitos asociados al narcotráfico se les dé la categoría de conexos con el delito político. Silencio absoluto. Por el contrario, sus declaraciones surgen de ese presupuesto. Tampoco se refiere al hecho de que los asesinos de las Farc deban pagar penas antes de participar en política. Para Vargas basta que vayan a la JEP y que contribuyan a la verdad. No dice una sílaba respecto al carácter simbólico y ridículo de las sanciones, en cambio, sí defiende que no paguen un solo día de cárcel, sin importar la gravedad de los delitos cometidos. ¡Toda la línea Valencia!

    El socio de Santos no presta en su discurso atención a los derechos de las víctimas, pero eso sí defiende la entrega de armas y la desmovilización, como si hubieran sido completas. Mira para el techo, como si no existiera, el hecho de que entre el inventario anunciado por el presidente (14.000 armas) y las entregadas, no aparecen cerca de 5.000. Olvida que las milicias en su totalidad no fueron desarticuladas como se deriva del conteo del Ministerio de Defensa. Al igual que Santos quiere hacer pensar al mundo que en eso todo salió perfecto. ¿Será que no se enteran de las noticias?

    En realidad, Vargas ruge como un león ante la opinión pública para enredar incautos, pero es inofensivo frente al acuerdo. Se olvida que la gente no es boba y huele las cosas. Claudia López, De la Calle, Fajardo, Clara López o cualquier otro mamerto piensan igual que Vargas: No hay que tocarle una coma (,) a los acuerdos, es legítimo haberlos impuesto a la brava y robarse el plebiscito y aquí lo que importa es cumplir a las Farc. La línea Valencia.

    Que desesperados o arrepentidos candidatos pidan pista en las mayorías que repudian a Santos y a las Farc es comprensible. El Centro Democrático que las representa no podría cederle un espacio a cualquier “avión” que pretenda aterrizar sin que exista genuina contrición y corrección.

    Claridad, doctor Vargas. ¡Claridad!

    En Twitter: @RafaGuarin

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