• Otra Respuesta al Doctor Silva Luján – Revista Posición

    Publicado en www.revistaposicion.com

    Paola Andrea Holguín M

    November 16 de 2012

     

    Este Gobierno recibió los beneficios políticos de la Seguridad Democrática, por ello duele que la abandone y que desatienda a los soldados y policías, que la hicieron posible

    Mazzini: La verdad no es lenguaje del cortesano.

    Doctor Gabriel Silva Luján:

    Leí con extrañeza y vergüenza ajena su columna en el El Tiempo ¿La victoria por encima de la verdad?  Usted hizo parte del Gobierno del Presidente Uribe, igual que yo. Sabe bien que él jamás acomoda la verdad, esa es una condición de su personalidad. Él es un convencido de que el pueblo perdona el error, pero no el engaño ni el ocultamiento.

    Le hago estas observaciones:

    1. Mientras el Gobierno Santos exige a los medios y pide a los ciudadanos no denunciar los hechos sobre el deterioro de la seguridad, el día a día en nuestro país está marcado por el cobro de extorsiones denominadas “Impuesto de Paz” por las Farc, o certificadas con paz y salvo por el ELN. Las bandas criminales crecen y buscan control territorial, extorsionando y masacrando a nuestros compatriota, tal como ocurrió en Santa Rosa de Osos. Esto no es una falacia, es parte de la tragedia que están viviendo día a día nuestros compatriotas.

    2. El Gobierno, en su afán de dialogar con las Farc, las reconoció como “parte del conflicto”, a pesar de que para el mundo y para los colombianos son una organización terrorista. Al mismo tiempo, el gobierno abandonó las denuncias ante la OEA por la presencia de bases terroristas en Venezuela y usted declaró como mejor amigo al representante de un Gobierno que ha financiado, protegido y albergado a los verdugos de nuestro pueblo.

    3. Preocupa que no se llevara a ratificación en el Congreso el Acuerdo con los Estados Unidos para luchar contra el narcotráfico y que se hable de legalizar la droga; y preocupa que con la ley de víctimas se igualara a los victimarios guerrilleros y paramilitares con los miembros de nuestra Fuerzas Armadas.

    4. Usted sabe, doctor Silva, que en 2003 el Gobierno tomó unas medidas y que se firmó un Acuerdo con la Fiscalía para proteger los Derechos Humanos y evitar la acusación falsa a las Fuerzas Armadas. Se ha reconocido que ha sido mal utilizado en contra de nuestra Fuerza Pública, pero en casi tres años de este Gobierno no se ha realizado al menos un acuerdo de modificación del alcance interpretativo. La única alternativa que el Gobierno ha dado a militares y policías presos es tratarlos de igual a igual con los criminales, obligándolos a someterse a sentencia anticipada.

    El Presidente Uribe ha manifestado que es necesario que se garantice que el primer conocimiento de la posible conducta criminal, esté a cargo de la Justicia Militar y que se revisen los delitos excluidos para no hacer inoperante la nueva Norma Constitucional.

    Este Gobierno recibió los beneficios políticos de la Seguridad Democrática, por ello duele que la abandone y que desatienda a los soldados y policías, que la hicieron posible.

    5. Usted fue Ministro de Defensa del Gobierno Uribe, y conoce que no se adelantaron diálogos con las Farc, porque nunca quisieron cumplir las condiciones que para nosotros eran inamovibles, igual que lo eran para el actual Gobierno. Este gobierno cedió y no hizo respetar  su propia condición: el cese de actividades criminales y terroristas.

    6. Es extraño que usted equipare la Ley de Justicia y Paz con el Marco Jurídico para la Paz. Si las lee detenidamente se dará cuenta que la Ley de Justicia y Paz, a diferencia del Marco, no permite impunidad ni elegibilidad para quienes cometan crímenes de lesa humanidad, y honrando los derechos de las víctimas que hoy Farc y Gobierno pretenden desconocer, exigió verdad y reparación.

    Finalmente, durante el proceso que permitió desmovilizar más de 53 mil hombres de las Autodefensas ilegales y las guerrillas, nunca se negoció la agenda de país con los criminales; solo su sometimiento a la justicia a cambio de rebaja de penas.

  • Algunas reflexiones sobre Seguridad – Revista Posición

    Publicado en www.revistaposicion.com

     

    Paola Andrea Holguín M

    November 13 de 2012

     

    Ante el evidente retroceso que ha sufrido la seguridad en Colombia, vale la pena que hagamos algunas reflexiones

    Un día dijimos: Colombia llora pero no se rinde…

    Empiezo con una confesión. Me senté a escribir para desahogar el profundo dolor de Patria que me embarga. Los asesinatos de las últimas semanas en Medellín, la masacre de nuestros campesinos en Santa Rosa, el show mediático de Oslo y La Habana, sumado a muchos sucesos de los últimos meses, parecen querer llevarnos al límite. Pero, como suele repetir el presidente Uribe, no vinimos a quejarnos sino a trabajar.

    Ante el evidente retroceso que ha sufrido la seguridad en Colombia, vale la pena que hagamos algunas reflexiones, porque cuando llega el secuestro, el narcotráfico y el terrorismo a poner en jaque al Estado, los gobiernos o ejercen su legítima autoridad o sumen a sus pueblos en la anarquía.

    Señalo algunos de los muchos elementos que son determinantes a la hora de plantear una política de seguridad:

    1. La política de seguridad, quizás más que cualquier otra política pública, requiere liderazgo.

    Las palabras y gestos de solidaridad de los dirigentes colombianos con familias a las que diariamente enluta el crimen, dan vergüenza cuando no vienen acompañadas de acciones para cumplir la obligación que tiene el Estado de garantizar seguridad a los ciudadanos.

    El Presidente de la República, como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas y como el encargado de conservar y restablecer el orden público en todo el territorio -artículo 189 de la Constitución Nacional-, debe tener la capacidad de dirigir a las Fuerzas Militares y de Policía, a la sociedad y al Estado en su conjunto, para garantizar la seguridad. Algo similar sucede con los Gobernadores y los Alcaldes, como responsables en su jurisdicción.

    Charles de Gaulle, en Al filo de la espada, dijo que para poder trazar el camino apropiado, se necesita inteligencia e instinto, y para persuadir a la gente para que avance por ese camino, se requiere autoridad.

    Hoy se percibe falta de liderazgo del Gobierno nacional, departamental de Antioquia y municipal de Medellín, en torno a la seguridad. No hay capacidad para controlar los acontecimientos, proponer prioridades y soluciones; no se advierte conocimiento, consistencia y mucho menos, empatía para direccionar el rumbo.

    Nuestros mandatarios no puede olvidar que la seguridad es un derecho humano, un requisito cardinal para la vigencia real de las libertades y los derechos, y un bien público al que los ciudadanos tienen que tener derecho en igualdad de condiciones.

    Y esa seguridad nos está siendo arrebatada por organizaciones criminales que destruyen el orden legal, abren espacios de impunidad y se esfuerzan por replegar o sustituir las instituciones donde la autoridad es débil, minando la gobernabilidad democrática y sometiendo a la población a un régimen de intimidación, violencia y terror.

    El Presidente, los Gobernadores y los Alcaldes requieren para enfrentar esta realidad: recursos, instrumentos y, sobre todo, voluntad política (liderazgo).

    2.  Las políticas de seguridad tienen que ser de Estado, integrales y multinivel.

    Para que las políticas de seguridad sean efectivas deben ser políticas de Estado, no de Gobierno, es decir, políticas de largo plazo que estén por encima de cálculos electorales o partidistas, y a la vez, deben ser flexibles para adaptarse a los retos que imponen organizaciones que mutan rápidamente.

    Además, las políticas deben ser integrales, deben tener en cuenta que hay múltiples formas de violencia y delincuencia, con diversas causa y que cada una debe combatirse de acuerdo a su naturaleza desde una perspectiva que tiene que tener en cuenta la prevención, la represión y control y la rehabilitación.

    Y deben ser coordinadas desde los niveles local, nacional, regional y global, según sus alcances y para evitar el efecto globo, que no es más que el desplazamiento de los criminales de una zona a otra en la medida que se les combate.

    3. Las políticas de seguridad requieren participación ciudadana

    Es muy importante reconocer que si bien la responsabilidad primordial de velar por los derechos y libertades del ciudadano es del Estado, como lo señala la Constitución, la seguridad es también producto del esfuerzo colectivo de la ciudadanía.

    La participación de la comunidad, su colaboración con la administración de justicia y su apoyo a las autoridades, son parte esencial del fortalecimiento de la justicia, la democracia y en consecuencia del Estado de Derecho. La cooperación ciudadana reposa en el principio de solidaridad sobre el cual se funda el Estado Social de Derecho.

    Termino por donde empecé. Una vez dijimos: Colombia llora pero no se rinde… Que el dolor por la sangre de cada uno de nuestros compatriotas sea impulso moral para que nuestros dirigentes asuman su responsabilidad y nosotros la nuestra para retomar la seguridad que es el único camino cierto a la paz

     

     

  • ¿U de Uribe? Cavilasiones sobre una Asamblea – Revista Posición

    Publicado en www.revistaposicion.com

     

    Paola Andrea Holguín M

    November 1 de 2012

     

    La Asamblea de la U seguramente será el inicio del proceso de conformación de un nuevo mapa político y de la irrupción de nuevos actores para las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales

    Creo, sin lugar a dudas, que la Asamblea ordinaria del Partido de la U, fue el evento político del año en Colombia. No por los trámites propios de las asambleas de cualquier partido, sino por los discursos de los presidentes Uribe y Santos, más sus posibles consecuencias.

    La intervención del expresidente Uribe no estaba dirigida a los asambleístas sino a la Nación. Fue un discurso cuidadosamente escrito y leído sobriamente. En él planteó sus reflexiones sobre la política social, económica y de seguridad, sus cuestionamientos al proceso de paz, y sus observaciones a la reforma tributaria.

    Uribe le confirmó al país su patriotismo, coherencia y compromiso con los lineamientos del Centro Democrático. Y, al no tocar temas meramente partidistas, electorales o mecánicos, demostró que más que político es un estadista. Sin duda cumplió su cometido: no defraudó a amigos ni enemigos.

    La Asamblea evidenció que la base, a diferencia de la mayoría de la dirigencia, considera que la U es el partido de Uribe, no de Santos ni de la Unidad Nacional. Los aplausos cada que mencionaban el nombre del expresidente y las ovaciones a su llegada al recinto y durante su intervención contrastan con las declaraciones al día siguiente de Barreras y Benedetti. Es evidente que hay Uribismo en la U, pero también que hay mucho Uribismo por fuera de esa colectividad.

    Quedó claro, también, que la diferencia entre el Uribismo y el Puro Centro Democrático con el Gobierno y la dirigencia del Partido de la U es de fondo y no de forma. La concepción del Estado, de la administración de lo público y la visión de Nación, son diametralmente opuestas. Por ejemplo: los primeros creen en la política de seguridad como una categoría permanente y universal, los segundos como política accesoria.

    Los primeros creen en la necesidad del diálogo permanente con la ciudadanía, los segundos en el diálogo con los violentos. Los primeros creen en el balance entre paz y justicia, con respeto a las víctimas, los segundos en “paz” con impunidad, ignorando los derechos de las víctimas. Los primeros creen en una política social de resultados, sin burocracia; los segundos creen en una política social basada en burocracia y pobre en resultados. Los primeros creen en el trabajo con las autoridades locales independiente de su origen político, los segundos en el trabajo con alcaldes y gobernadores supeditado a su apoyo al gobierno. Los primeros trabajan por la promoción de la inversión con responsabilidad social y por la competitividad; los segundos tienen una política económica reactiva y sin norte.

    Por su parte, la intervención de Santos estuvo llena de insultos y falacias. Reconocemos, sí, que contó con la anuencia de parte del Partido.

    ¿Qué sigue?

    Lo que debería seguir es la salida del presidente Uribe de la U. Su trayectoria política marcada por la convicción y los principios, por encima de los cálculos electorales, seguramente lo obligarán a integrar una nueva colectividad que seguramente servirá de modelo a los partidos en su conformación democrática, en su comportamiento ético y en su coherencia doctrinal.

    A pesar del enorme afecto de Uribe a las bases de la U, y a pesar del apoyo decidido del un número muy reducido de sus dirigentes, el Uribismo y los seguidores del Centro Democrático están por encima del partido y no parecen dispuestos a seguir sirviendo de idiotas útiles.

    El compromiso de Uribe, como el del general Benjamín Herrera, siempre ha sido con “la Patria por encima de los Partidos”. La U abandonó las banderas que le dieron origen y que siempre ha defendido.

    Por todo esto, la Asamblea de la U seguramente será el inicio del proceso de conformación de  un nuevo mapa político y de la irrupción de nuevos actores para las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales, donde la competencia será entre el bloque de Unidad Nacional y el Centro Democrático como único bloque opositor

  • Desarticular – Revista Posición

    Publiacado en www.revistaposicion.com

     

    Paola Andrea Holguín M

    October 7 de 2012

     

    Renunciar poder coercitivo ¡nunca! En ese monopolio se funda el pacto que origina al Estado mismo.

    Consultora de la Presidencia de la República de los Estados Unidos Mexicanos en estrategias de comunicación. Ex asesora de la Presidencia de la República de Colombia entre 2003 y 2008 y de 2009 a 2010.

    “El buen líder sabe lo que es verdad; el mal líder sabe lo que se vende mejor” Confucio

    Prometí en mi pasada columna escribir sobre “la opción de desarticular”. Me refiero a una fórmula que se probó durante el Gobierno del Presidente Uribe y que consta de tres elementos: autoridad, desmovilización y política social.

    1. Autoridad: la Seguridad Democrática fue un ejercicio firme y legítimo de la autoridad Estatal. Durante los ocho años de Gobierno, nuestras fuerzas Fuerza Militares y de Policía trabajaron sin descanso para cumplir el mandato constitucional de garantizar la vida de los colombianos, la soberanía, la integridad del territorio y la convivencia.

    Este punto es importante, porque el Estado, tal como escribe Norberto Bobbio, al único poder que no puede renunciar es al poder coercitivo. Según Bobbio, el Estado tiene básicamente tres poderes: el económico, el ideológico y el coercitivo.

    En un Estado capitalista se abre espacio a la libre iniciativa privada, lo cual constituye una especie de recorte del poder económico. Un gobierno democrático respeta la libertad de pensamiento y expresión y renuncia voluntariamente a cualquier intento de monopolio de la ideología. Pero al poder coercitivo, renunciar, ¡nunca! En ese monopolio se funda el pacto que origina al Estado mismo.

    El ejercicio de esta autoridad fue la que llevó al segundo elemento, la desmovilización.

    2. Desmovilización: desde la campaña del Presidente Uribe, se dejó espacio para el diálogo con los violentos, tal como aparece en los 100 puntos del Manifiesto Democrático, exigiendo, eso sí, como punto de partida, el abandono del terrorismo y un cese de hostilidades (punto 41).

    Gracias a la voluntad que siempre tuvo el Gobierno, se discutió y aprobó la Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005) que, con exigencia de verdad, justicia y reparación, permitió la desmovilización de más de 18 mil miembros de organizaciones guerrilleras y más de 35 mil de organizaciones de autodefensas ilegales. El presidente Uribe repitió permanentemente que era mejor un desmovilizado que un capturado y un capturado que un abatido.

    3. Política social: este punto es fundamental, porque fue el elemento que ayudó a combatir el reclutamiento por parte de las organizaciones criminales, fue la herramienta para el fortalecimiento del tejido social y se convirtió en el validador de la política de seguridad y de la inversión.

    Durante los ocho años de gobierno 13 millones de colombianos salieron de la pobreza. Colombia pasó de tener 23 millones de colombianos afiliados a la salud, a más de 43. Más de un millón de familias se beneficiaron con la Red Juntos, crecieron todas las coberturas en educación (básica, media, superior) y 5,6 millones de personas recibieron créditos a través de Banca de las Oportunidades.

    Esta es la verdadera paz, la que se alcanza cuando hay seguridad que garantiza el goce efectivo de las libertades y el ejercicio de los derechos; la paz producto de la seguridad que permite la inversión con responsabilidad social; la paz que genera recursos para adelantar una política social estructural. Esa es la estrategia que llamamos desarticular.

    Notas al margen: sentí dolor de Patria en días pasados, mientras adelantaba un curso de contraterrorismo y contrainsurgencia, y escuché válidos cuestionamientos de miembros de la Fuerza Pública de países aliados de Colombia en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, que no entienden cómo hoy se adelanta un proceso no de sometimiento a la justicia sino de negociación de agenda de país con las FARC. Alguno me preguntó qué decirle a sus soldados y policías, cuando, primero, “combatíamos como terroristas a las Farc y hoy ven que ustedes los tratan como a demócratas”. Una académica Mexicana me preguntó cómo podía interpretar la postura del General Naranjo, cuando en Colombia forma parte de una negociación con las FARC, considerado uno de los grandes carteles del narcotráfico, mientras en México se compromete a combatir carteles similares

  • ¿Negociar o Desarticular? – Revista Posición

    Publicado en www.revistaposicion.com

     

    Paola Andrea Holguín M

    September 2 de 2012

     

    A quienes dicen que la paz es la victoria, les recuerdo que hay victorias que por sus costos, pueden ser pírricas.

    Consultora de la Presidencia de la República de los Estados Unidos Mexicanos en estrategias de comunicación. Ex asesora de la Presidencia de la República de Colombia entre 2003 y 2008 y de 2009 a 2010.

    Hoy, después de que gracias a un trino del Presidente Uribe se destapó el “proceso de paz” que hace más de un año adelantan las Farc y el Gobierno colombiano, es importante hacer algunas reflexiones.

    Primero, repito lo que triné el 25 de agosto, solo un bellaco se opone a la paz, pero solo imbécil la hace a costa de entregar el Estado y de acabar con su pueblo. No es lo mismo oponerse a este “proceso de paz”, tal y como se está planteando, que no querer la paz. Hoy nos quieren vender la idea de que son guerreristas quienes se oponen al proceso y que no quieren la paz. Falso, yo quiero, como imagino que lo queremos todos los colombianos, una Patria en paz, pero no a cualquier precio. A quienes dicen que la paz es la victoria, les recuerdo que hay victorias que por sus costos, pueden ser pírricas.

    Varias cosas preocupan del actual proceso. No que no supieran de su existencia la Canciller y el Ministro de Defensa, según declararon a los medios días antes de que se hiciera público. Eso puede ser resultado de que no haya  una buena comunicación interna en la Presidencia -pasa en las mejores familias-. Preocupan muchas otras cosas; empecemos por tres:

    1.    Que se haga un proceso de paz renunciando a la obligación que tiene el Estado de garantizar seguridad.

    Las cifras del propio Ministerio de Defensa y de organizaciones como el Centro Seguridad y Democracia, dejan al descubierto un evidente deterioro de la seguridad que va más allá de la mera percepción.

    El ejercicio firme y legítimo de la autoridad del Estado es necesario para proteger a los colombianos y disuadir a los violentos. Así quedó demostrado con la desmovilización de más de 53 mil hombres de grupos armados ilegales en el periodo 2002- 2010. Unos 35 mil autodefensas y 20 mil guerrilleros se desmovilizaron gracias a la política de Seguridad Democrática.

    Con una Fuerza Pública desprotegida y desmoralizada y un gobierno que cree en el dejar hacer y dejar pasar, los colombianos nos convertimos en blanco fácil de una organización que usa el terrorismo como método de lucha.

    2.    Que se empiece entregando sin exigir nada a cambio.

    El Gobierno ha dado muestras de infinita generosidad (ingenuidad o complicidad) al otorgar a las Farc el Marco jurídico para la paz, que, digan lo que digan los congresistas -porque yo si me lo leí-, abre la puerta a la impunidad y la elegibilidad de los criminales.

    Otra prueba de la impunidad otorgada son las palabras del Fiscal y del presidente de la Cámara que nos quieren hacer creer que las opciones son: tener a los terroristas en el Congreso o que nos maten, eso es renunciar por completo a la justicia, porque existen más alternativas, la cárcel, por ejemplo.

    Adicionalmente, a las Farc se les permitió crear -o financiar, según el propio Ministro de Defensa- un “movimiento social y político”, la Marcha Patriótica, liderada por Piedad Córdoba.

    La ñapa es permitirles y legitimarles su santuario en Venezuela.

    3.    Se rompieron los inamovibles

    En el discurso de posesión, el señor Juan Manuel Santos hizo una promesa que rompió. Sus palabras fueron:

    A los grupos armados ilegales que invocan razones políticas y hoy hablan otra vez de diálogo y negociación, les digo que mi gobierno estará abierto a cualquier conversación que busque la erradicación de la violencia, y la construcción de una sociedad más próspera, equitativa y justa.

    Eso sí –insisto– sobre premisas inalterables: la renuncia a las armas, al secuestro, al narcotráfico, a la extorsión, a la intimidación.

    No es la exigencia caprichosa de un gobernante de turno.

    ¡Es el clamor de una Nación!

    Llevan más de un año conversando y siguen secuestrando, asesinando, extorsionando, traficando y cometiendo todo tipo de delitos, al parecer Santos olvidó el Clamor de la Nación.

    Finalmente, el dilema no es entre claudicar y la vía militar, hay una tercera opción para la paz, la desarticulación, pero esa se las cuento en la próxima.

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