• Referencia: Tutela que favorece a Daniel Samper Ospina

    A pesar de mi desacuerdo y por el respeto que debo a la administración de justicia acato el fallo del Tribunal de Bogotá. En consecuencia, como me exige la justicia, corrijo que no es violador de niños. Nunca quise acusarlo de violación física o sexual de niños. En cuanto a la pornografía infantil, mi juicio de valor es rechazado por el Tribunal en providencia que prevalece sobre mi opinión, providencia que acato, por ende, tengo que aceptar que jurídicamente, según criterio de autoridad, no se ha configurado pornografía infantil.

    En ejercicio del derecho de emitir opiniones expreso lo siguiente:

    Constitucionalmente, artículo 44, ningún derecho está por encima de la obligación de respetar a los niños. Tan grave es el maltrato físico, la violación sexual, el abuso sicológico o la humillación.

    La referencia en sátira a una niña recién nacida, al asociar su nombre a una droga ilícita, no es asunto de poca monta. Hay derechos que son inseparables del ser humano, por ende, su vulneración equivale a violar a la persona titular, especialmente cuando el afectado es un niño.

    La publicación impune de fotos de menores desnudos estimula el relajamiento en el respeto a sus derechos, ya con el antecedente grave de haber dejado sin adecuada sanción el secuestro de centenares de niños por Farc. Muchos todavía no han regresado.

    Las menciones denigrantes, en epítetos, por parte del director de la revista, a quienes trabajaron como modelos, es una ofensa agravada al respeto que la sociedad le debe a la mujer.

    ¡En qué queda la consideración de la familia al permitir el irrespeto al niño y a la mujer a partir de sutilezas y acomodos en la interpretación de la ley!

    Son inaceptables las burlas, que abundan en las columnas sobre los defectos físicos de las personas. En una ocasión escribió “no sabía cómo el médico hizo para saber cuál de las dos masas grumosas era el tapón mucoso y cuál el bebé y que por ello es posible que los médicos hayan desechado al bebé y hubieran dejado con nosotros al tapón”. En otra oportunidad dijo de una mujer por su estatura y discapacidad física que “se parecía a una de las Meninas de Velásquez concretamente la de al lado del perro”.

    Hay escritos que afectan a una región al extender a sus habitantes los delitos que a mi me señala. Que de mi persona digan lo que quieran pero que respeten a Antioquia como he respetado y tratado con cariño a todas las regiones colombianas y a sus ciudadanos.

    Mis referencias han sido dirigidas no a un célebre humorista sino a un político enrabiado, que ha dedicado parte importante de sus escritos a difamar a mi familia y a mi persona, tema que dejo aparte, no obstante que para muchos carecemos de los derechos que protegen a los demás ciudadanos.

    Este caso es diferente a las conciliaciones a las cuales me allané con Hollman Morris y un grupo de Madres de Soacha.

    En la Corte Suprema de Justicia acepté conciliar con Hollman Morris. Observé que era un gesto positivo desde lo humano y democrático. Estimé que mis obligaciones como ex Presidente de la República son mayores que las suyas, y me influyó el esfuerzo conciliador del magistrado de la Honorable Corte Suprema.

    Concilié con un grupo de Madres de Soacha. Lo que escribí, nunca para afectar víctimas, repitió lo que dije como Presidente después de escuchar a otras de ellas. Concilié porque comprendí su dolor, el mismo que recorrió a mi abuela, a mi madre y a muchas más.

    En el caso de la tutela que acato estoy en el otro lado de quien no ha ahorrado afrenta para maltratar a muchos colombianos.

    El respeto a la justicia no excluye manifestar discrepancias por razones que están en la conciencia.

    Álvaro Uribe Vélez

    Barranquilla, 5 de agosto de 2017.

    (Fin)

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