CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE DE LA SALA PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

Diciembre 20, 2018
FDC – Miami

Cordial saludo,

Usted calificó de “disparate” la solicitud que la delegación diplomática de Colombia ante EEUU hiciera, por razones humanitarias, en relación a mis condiciones de reclusión. Queda claro que el único tipo de detención que a usted es satisface es tenerme encerrado en esta diminuta celda la mayor parte del día. He ahí el verdadero disparate.

En efecto, disparate es la injusticia que la Sala Penal ha infringido en contra mía. Le recuerdo que sus colegas me condenaron, naturalmente sin pruebas, por un delito que no cometí, ignorando y negando toda la evidencia y testimonios a mi favor. Me sentenciaron con descomunal desproporción y me han negado, una y otra vez, el derecho consagrado en la Constitución a apelar la condena.

No lo digo yo. Lo acaba de confirmar el Comité de DDHH de Naciones Unidas en un fallo sin precedentes; fallo que el Estado colombiano ha decidido acatar y que, por lo tanto, hace que mi sentencia a no esté ejecutoriada. Razón por la cual se me debería restaurar la libertad. Sin embargo, ustedes se niegan a cumplirlo. He ahí el verdadero disparate! Disparate atroz y cruel no solo conmigo, sino con una gran mujer y dos niños pequeños que nada tienen que ver en la guerra política de Colombia. Solo Dios sabe el daño que con esta injusticia se les ha causado a ellos. No olvide que el Creador todo lo ve.

Quiero dejarle claro otra cosa: no salí de Colombia como un prófugo. Salí con el respaldo de EEUU, dos días antes de la elección presidencial de 2014, el mismo día que sus colegas, sin haber deliberado y después de haber postergado mi fallo una y otra vez al ritmo de la campaña política, filtraron la noticia de mi condena. Es decir, salí cuando la misma Sala Penal se atrevió a anunciarle al mundo, con bombos y platillos, que habían confeccionado ilegalmente una sentencia en mi contra, solo para ayudar a inclinar la elección presidencial. Y lo lograron. Estaba entonces en todo mi derecho, por lo demás con el apoyo de EEUU, de no someterme a ese directorio político denominado Sala Penal – permeado además por el Cartel de la Toga -, para someterme mejor a las instituciones y las cortes de este país, en la cuales creo. Eso no es ser prófugo de ustedes. Es ser perseguido por los disparates de ustedes.

También quiero manifestarle que, a estas alturas, mi lucha ya no es solo por mi esposa y mis dos hijos. Mi lucha es por Colombia. Para que algún día nuestro país pueda ser libre de las injusticias y la opresión que desde la Sala Penal de la Corte Suprema se viene infringiendo, llevándose por delante vidas, familias y la credibilidad en las instituciones. Ahora bien, mi lucha no es contra las Salas Civil y Laboral. Allí hay magistrados íntegros y honorables. Es más, mi lucha ni siquiera es contra su señoria, como quiera que usted no hizo parte de los togados que confeccionaron ilegalmente mi condena. Mi lucha solo es contra quien es ilegítimamente me sentenciaron; algunos de los cuales todavía se sientan a su lado, mientras otros actualmente se encuentran procesados por extorsión y corrupción.

Usted, quien también fue víctima de uno de ellos, está a tiempo, junto a los magistrados de las demás Salas, de enmendar esta injusticia. Piénselo, por favor, durante esta Navidad junto a su familia. Yo estaré en una celda encerrado y separado de la mía una Navidad más, pero estaré hincado ante Dios rogándole que me siga dando fuerza para seguir esta batalla. Solo pierden quienes se rinden. Y en esta lucha, que ya va mucho más allá de la singular injusticia cometida en contra mía, no me voy a rendir. Solo me rindo ante Dios, y en esta batalla se que Él está a mi lado.

Atentamente 

Andrés F. Arias