Bogotá D.C., 18 de septiembre de 2016

Maestro
MARIO VARGAS LLOSA
Madrid (España)

Respetado maestro:

Con dolor hemos leído su columna El precio de la paz, publicada hoy en el diario El País. En primer lugar, queremos resaltar que la seguridad es un valor democrático que no debe confundirse con la guerra, pues es el presupuesto para el goce efectivo de los derechos y las libertades, que distingue a las democracias de los regímenes totalitarios.

Quienes defendemos el No queremos la paz tanto o más como los que promueven el sí. Nosotros no nos oponemos a la paz, porque como derecho y deber constitucional, no puede ser sometida a refrendación. Tenemos preocupaciones y dudas por el acuerdo Santos- FARC, que más que construir una paz estable y duradera, tiene como propósito imponernos el modelo del socialismo del siglo XXI, con los mismos perjuicios que ha causado en Venezuela.

Las democracias se fortalecen castigando a aquellos que, como las FARC, desestimaron las múltiples oportunidades de ingresar a la legalidad, no premiándoles con participación política y cero cárcel sus múltiples masacres, el reclutamiento de miles de menores, el abuso sexual y posterior obligación a abortar de centenares de niñas, el narcotráfico y la minería ilegal.

La justicia, que por definición debe incluir sanciones adecuadas, no debe entenderse como retrospectiva, sino como el único elemento que garantiza el derecho de no repetición, pues disuade a las nuevas generaciones de que el crimen no paga.

Las experiencias internacionales, como las registradas en El Salvador y Guatemala, que no son iguales a nuestro caso porque eran insurgencias armadas contra dictaduras y no democracias afectadas por el terrorismo, demuestran que donde no hay castigo, así sea reducido, se incentivan nuevos crímenes que imposibilitan la paz.

Sería bueno que le preguntara al doctor Héctor Abad si él hubiese aprobado que, a los paramilitares, responsables de las mismas atrocidades, se les hubiera concedido participación política e impunidad.

Convencidos de su espíritu democrático, lo invitamos a leer el acuerdo de 297 páginas para que verifique que el objetivo no es la paz, sino imponernos el modelo que ha hecho tanto daño a Cuba y a Venezuela.

Juventudes Centro Democrático
Colombia