Por: Paola Holguín 

El pasado 25 de febrero tuve la oportunidad de participar en el seminario “Democracia, estabilidad política y crecimiento económico”, organizado por la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Latinoamericana y la Corporación Gestión Internacional; allí tuve la fortuna de compartir panel con el economista chileno Cristian Candia, y la ocasión para plantear varias reflexiones en relación con el tema que nos convocaba, de las cuales resalto tres de las más importantes: 

1. En cuanto a la crisis de la democracia representativa, y la presión por una democracia directa, basada en la revolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones, y una cada vez mayor formación del ciudadano, planteé la necesidad de superar esta anacrónica dicotomía, mediante búsqueda de mecanismos que propicien un equilibrio entre representatividad y participación directa en las decisiones sobre lo público.

En toda democracia, los partidos, los movimientos y otras formas legítimas y posibles de organización que son su vehículo, son necesarios para que los individuos no integren una masa amorfa, circunstancial e impredecible; y a su vez, para que los individuos no enajenen su libertad, se necesita un gran espacio de democracia participativa sincaer en el democraterismo, donde se cree que todos deciden sobre todo, y quienes son electos no toman decisiones ni asumen costo político.

En la constante búsqueda del mencionado equilibrio, es importante propiciar el fortalecimiento institucional, el sistema de pesos y contrapesos, y dinamizar la colaboración armónica entre entidades y agencias estatales, en tanto que se incentiva y enriquece el debate democrático. 

2. Es necesario hacer un llamado a la estabilidad jurídica, al respeto a las reglas de juego, a la Constitución y la ley, al Estado de Derecho, concretamente al respeto de los ámbitos competenciales de los poderes públicos, con el fin de superar, por ejemplo lo que hoy se conoce como la dictadura de los jueces. 

En este punto, recordé como hace 20 años que el nobel de economía Amartya Sen, en el libro “Desarrollo y libertad”, postuló que la libertad económica y la libertad política contribuyen a reforzarse mutuamente, y el desarrollo se traduce en la expansión de libertades reales.

Más recientemente, Acemoglu y Robinson, en su popular obra “¿Por qué fracasan los países?”, dejaron claro porqué son las instituciones que rigen un determinado territorio las que lo hacen prosperar. Es la forma en que las sociedades se organizan, el respeto a la propiedad privada, la garantía a la separación efectiva de poderes y el posibilitar el correcto funcionamiento de la economía de libre mercado, lo que permite que puedan avanzar las naciones.

Estamos ante el reto como sociedad de pasar de instituciones económicas extractivas a inclusivas, que posibiliten y fomenten la participación de la mayoría de las personas en actividades en las que aprovechen mejor su talento y habilidades, y que permitan elegir y desarrollar mejor a cada uno su proyecto de vida. Por ello, el aumento de la productividad, la protección de la propiedad privada y la ampliación de la participación del individuo de los réditos de las actividades económicas, son elementos esenciales para la transformación de los clásicos postulados capitalistas. 

3. El modelo que proponemos entonces es el de un Capitalismo Consciente, en oposición al Capitalismo Clientelista. La búsqueda de un modelo económico basado en cuatro principios: un propósito, es decir objetivos profundos que van más allá de la rentabilidad, liderazgo donde el nosotros sustituye al yo; cultura como motor del éxito, y un modelo que integra a todos los agentes implicados en un proceso gana- gana y no suma cero.

Finalmente, coincidimos en la necesidad de identificar propósitos nacionales y descubrir soluciones, que deben surgir del debate permanente y serio, con apertura que permita persuadir y dejarse persuadir; y con criterio para establecer qué admite o no admite transacción.