Fuente: KienyKe

Con ataques desde todos los frentes, algunos pretenden destruir los cimientos de lo que se ha venido llamando uribismo, un fenómeno político y social que surgió durante la primera candidatura de Álvaro Uribe a la presidencia, por allá a comienzos de este siglo XXI.

Más que un movimiento político lo que se dio ahí y sigue existiendo, es el respeto afectuoso y la fe en una persona, un líder, que representa a buena parte de los colombianos de quien sus detractores han querido hacer mofa calificándolo de “Mesías”. A quienes guardamos gratitud inmensa y defendemos las ideas de este líder, nos tomó un buen tiempo aceptar que nos habíamos convertido en uribistas, algo que no existía como tal, con lo que manifestábamos nuestra solidaridad con quien llevamos a la presidencia en dos ocasiones seguidas, el mismo que se ha mantenido en la lucha por la libertad, la seguridad, la prosperidad como valores fundamentales de la democracia y quien ha sido victima de las traiciones más infames que todos conocemos muy bien.

Fue un golpe inesperado a la muy acomodada clase política la gigantesca acogida que recibieron sus acciones durante sus mandatos, respaldadas por unos principios básicos surgidos más del sentido común aplicado con la buena voluntad requerida para sacar al país del abismo en el que se encontraba por causa de la tolerancia cobarde y cómplice de los políticos con el terrorismo, el narcotráfico y la corrupción, que de un manifiesto político nacido al interior de una estructura de partido.

De ese golpe no se han recuperado ni los viejos partidos ni los de la izquierda a pesar de haber resultado beneficiados durante los ocho años del saqueo de la nación perpetrado por Juan Manuel Santos. Razón por la cual han continuado propinando golpes bajos desde el Congreso, las Cortes y los medios a Álvaro Uribe y con ello al uribismo.

De lo que no se han percatado estos señores es que uribismo como tal no existe. Existe el chavismo, el peronismo y hasta el santismo, aunque nos cueste reconocerlo, porque mantienen sus estructuras de partido en el poder. A quienes nos califican de “uribestias” les podemos decir, con orgullo, que somos uribistas como individuos y no como partido, y con ello hacemos publica nuestra solidaridad, admiración y gratitud con un hombre excepcional que ha librado todas las batallas que el destino le tenía preparadas.

No han podido aniquilar al uribismo porque no se han percatado de su inexistencia. Lo que sí existe es un sentimiento que llevamos millones en el corazón que nos anima a superar los obstáculos para abrir al país a un mejor horizonte, llámenlo uribismo o como quieran.

#MásUribistaQueNunca