Por: Paola Holguín

Hace algunos días empezó un ciclo de Diálogos Iberoamericanos organizado por la plataforma global Political Network for Values, sobre institucionalidad democrática en riesgo. La primera conferencia fue el análisis del caso del expresidente Álvaro Uribe Vélez, que explicaron amplia y magistralmente la senadora María del Rosario Guerra y el abogado Hernán Cadavid, y cuya introducción hizo el reconocido político español, Jaime Mayor Oreja, exministro del Interior y Eurodiputado de 2004 a 2014.

La exposición de Mayor Oreja me llamó poderosamente la atención, empezó aclarando que su participación en el foro era un acto de justicia, porque reconoce al expresidente Uribe como el referente más importante de lucha contra el terrorismo en Colombia, y porque considera que el camino que él emprendió era el correcto.

Mayor Oreja fue claro en afirmar que nada de lo que ocurre hoy en Colombia con el expresidente Álvaro Uribe es una casualidad, expresó que es parte de un proceso, del mal llamado proceso de “paz”; y que como todas las negociaciones entre un Gobierno y una organización terrorista, son procesos opacos, como el que él afirma se vive en España a partir de la negociación con ETA.

Mayor Oreja contó que se encontraba en Colombia el 2 de octubre de 2016, cuando se votaba el referendo en el que ganó el NO, y que marcó un hito; pero que el proceso, su espíritu y su contenido se mantuvo, con apoyo de la comunidad internacional y a pesar del rechazo del pueblo en las urnas.

El político español contó cómo con esos acuerdos marco que son los procesos mal llamados de paz, los terroristas dejan de matar -no es el caso del todo de Colombia, afirmó-, y los Gobiernos se comprometen a transformar profundamente la sociedad en que se vive. Hay un gran pecio político, sostuvo, paz, por una transformación social y moral de la sociedad; paz, por cierto poder de los terroristas, que tras los acuerdos, en el fondo, logran que se faciliten sus objetivos; lo más grave, reiteró, es el carácter expansivo de los acuerdos, es decir, no se queda en los firmantes, sino que se expande a todas las instituciones, como la justicia que termina transformada en injusticia.

Mayor Oreja afirmó que estos procesos terminan en una metamorfosis del Estado de Derecho, de los Gobiernos y de los Partidos que los suscriben. Los mismos que inician el proceso esconden el contenido profundo de esos acuerdos. El político español hizo un paralelo y explicó cómo, por ejemplo, en España después del proceso con ETA de Rodríguez Zapatero, al Rey Juan Carlos se le obligó prácticamente a abandonar España, mientras dos líderes etarras del proceso eran dejados en libertad, uno por la justicia francesa y el otro por la española; en el caso de Colombia, se da encarcelamiento de Uribe y excarcelación de los criminales.

El principal problema según Mayor Oreja, es que no se entiende la naturaleza de estos procesos de paz, que son sinuosos y producen distorsión y alejamiento de la verdad; siendo así, no se actúa en consecuencia para responder a los acuerdos, y pueden cambiar los Gobiernos, pero los procesos continúan, y lo hacen a largo plazo. Los protagonistas del proceso: los terroristas, los gobiernos y la comunidad internacional, siguen actuando con la lógica del proceso; produciendo una grave crisis de la institucionalidad democrática, de los valores y de la verdad.

Mayor Oreja, terminó haciendo un llamado para que se analice el fondo, se aúnen esfuerzos, se haga pedagogía y se tenga valor, para combatir estos procesos desde una comprensión profunda de sus implicaciones.