Es claro que cada Presidente es libre de nombrar a quien quiera en su Gabinete, cada Ministro, Director o funcionario; pero también es cierto que con esas designaciones los Mandatarios pueden enviar mensajes que tranquilicen o no al País.

El anuncio de la designación del ex magistrado Iván Velásquez como Ministro de Defensa del gobierno Petro causó sorpresa, desconcierto y, en otros casos, graves cuestionamientos por parte de amplios sectores de la opinión pública. Y no es para menos.

Más allá de su bien conocida y criminal obsesión por involucrar, a como diera lugar, al Expresidente Álvaro Uribe con el paramilitarismo (que Uribe tan eficazmente combatió y desmanteló), y tras su escandalosa expulsión de Guatemala, por cuenta de su también conocida tendencia a la arbitrariedad y al abuso de poder, el designado no cuenta con la más mínima experiencia en asuntos relacionados con la seguridad ciudadana y la defensa nacional; y con todo, eso no es lo que más preocupa.

Lo que realmente preocupa de Velásquez, sin atisbo de duda, es su inocultable prejuicio, por no decir odio, hacia las propias instituciones que ahora tendrá la responsabilidad de regentar -en su cuenta de twitter aún están disponibles múltiples mensajes con los que ha cuestionado el profesionalismo de la Fuerza Pública, la honorabilidad de sus mandos y la legalidad de sus operaciones- por eso perturba que las reformas que anuncian emprenderá, terminen por politizar y desinstitucionalizar a las Fuerzas Militares y de Policía.

Velásquez no solo será el encargado de sacar a la Policía del Ministerio de Defensa, sino que además, emprenderá un proceso de rediseño institucional que involucrará, la eliminación del servicio militar obligatorio y la reformulación de la doctrina militar, que seguramente llevará al abandono absoluto de la iniciativa en la acción contra los Grupos Armados Organizados- GAO y los Grupos de Delincuencia Organizada-GDO, al tiempo que desnaturalizará las relaciones de subordinación, promoviendo y exacerbando el resentimiento en el seno de sus filas, sin contar con una cacería de brujas sin precedentes. Contrario a lo pretendido por cualquier reforma emprendida a estas Instituciones, las del nuevo gobierno, descansan en el prejuicio, se motivan en el revanchismo y conducirán a la debacle.

Hoy más que nunca, los colombianos debemos rodear a nuestra Fuerza Pública y rememorar las palabras del Libertador “la energía en la Fuerza Pública es la salvaguardia de la flaqueza individual, la amenaza que aterra al injusto, y la esperanza de la sociedad. Considerad, que la corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos. Mirad, que sin fuerza no hay virtud; y sin virtud perece la República”.