Por: Carmine Pinto, historiador italiano

 

El liberalismo democrático está en una crisis de legitimidad parecida a los años treinta, pero en realidad el contexto es diferente. Las narraciones marxistas fueron sustituidas del post colonialismo, la ideología de género, la invención de los indios y más de todo a través del uso del pasado (las “victimas”) para construir identidad a través de políticas de “resentimiento”. La ocupación que hicieron de la academia y de los medios acabó la legitimidad del liberalismo. Las dictadura de Venezuela o de Turquía, el fantasma de Cuba o del próximo México se justifican en un proyecto que quiere solo deslegitima la democracia liberal más fuerte (Colombia, Chile y Brasil) y cambiar el rumbo político del continente. EEUU está ausente, entre la locura de Trump y el socialismo de la izquierda de lo demócratas. Lo más grave es la actitud de la burguesía liberal, que tiene miedo de tomar posición, espera que alguien saque una política de mediación, y en este sentido se ilusiona que las cosas se solucionan sin enfrentamientos. Y, sin querer, como en los años treinta, ayudan los designios autocráticos y socialistas.