Compatriotas, este es un momento de grandes retos, dentro y fuera de nuestras fronteras. No está completamente superada la pandemia, ni sus secuelas sociales, emocionales y económicas; el mundo asiste a enfrentamientos y nuevas amenazas de guerra, y tenemos alarmas por temas alimentarios, ambientales y de estabilidad del sistema económico. 

Nosotros siempre hemos asumido una posición patriótica que mantendremos. Siempre hemos creído que la derrota electoral no puede llevar a la claudicación de los principios, y en Colombia, millones de ciudadanos esperan nuestro compromiso en defensa de la democracia, las libertades y la institucionalidad.

Estamos convencidos de la importancia de la democracia representativa con profunda participación popular; pero nos preocupan los llamados a modelos que lleven a la anarquía. 

Seguridad

Creemos en la seguridad como derecho humano, bien público y valor democrático. La seguridad es indispensable para garantizar la libertad, el orden y el progreso de la Nación. Confiamos en nuestras Fuerzas Militares y de Policía, en su irrestricto apego a la Constitución, la ley y los Derechos Humanos. Tenemos una Fuerza Pública civilista, supeditada a los controles institucionales y sociales. Ellos nos pueden ser equiparados con estructuras crimínales ni pueden ser minados en su capacidad. 

Recordemos lo que decía el Libertador “ …”la energía en la fuerza pública es la salvaguardia de la flaqueza individual, la amenaza que aterra al injusto, y la esperanza de la sociedad. Considerad, que la corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos. Mirad, que sin fuerza no hay virtud; y sin virtud perece la República”.

Nosotros creemos en la seguridad y la justicia como un binomio inseparable. y en la paz como un derecho consagrado en la Constitución; por eso no podemos permitir el macartismo que pretende dividirnos entre amigos de la paz y amigos de la guerra. Los casi 50 millones de colombianos anhelamos la paz, pero esta no es posible si no hay justicia y si no se respetan los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.

Colombia tiene que terminar con la puerta giratoria de procesos de desmovilización y desarme, donde es el Estado el que se somete y claudica ante los criminales, que no pagan por sus fechorías, revictimizan a los ciudadanos y terminan nuevamente delinquiendo. La impunidad siempre termina dando mal ejemplo y generando nuevas violencias. 

Se requiere un Estado capaz de garantizar el balance entre paz y justicia.

Y para lograr esa paz, un tema fundamental es la derrota del narcotráfico,  que es la fuente de financiación más importante de las estructuras criminales. Nosotros siempre hemos defendido el tratamiento al consumidor como un problema de salud pública y una política integral que permita el contol de toda la cadena. Además se debe tener claro que cualquier política contra el narcotráfico al igual que contra cualquier crimen transnacional, requiere el compromiso y la cooperación de todos los países involucrados en toda la cadena y los delitos conexos. 

Política social

Hemos buscado siempre una política social robusta que permita superar la pobreza y construir equidad, para ello la apuesta por una educación permanente, pertinente, de calidad y universal; que se conecte con las necesidades de productividad, competitividad y visión de futuro del país. 

Creemos que la educación es el vehículo para superar la pobreza, pero que no puede separarse del emprendimiento y la protección a la generación de riqueza. Aquí la sociedad, los padres y especialmente los Maestros, han tenido y tienen una gran tarea; la formación integral y la generación de  pasión por el conocimiento, lejos de secretismos y adoctrinamientos.

Sabemos que falta mucho, pero hemos avanzado con el esfuerzo de todos en salud, cobertura de servicios y vivienda; este no es momento de destruir, sino de corregir y avanzar sobre lo construido.  Es más fácil progresar como nación, con unidad en medio de las diferencias que con odio de clases y construcción de ghettos. Todos somos colombianos.  

Economía

En el mundo, el único modelo que ha generado riqueza es el de libertad de mercado, hoy más que nunca se tiene que hacer un esfuerzo para que la apuesta sea un gana gana, un modelo de capitalismo consciente, que defienda la propiedad privada y los derechos de todos. 

La única fuente de riqueza de los países son las empresas, los emprendimientos, y estos requieren seguridad física y jurídica. Claridad en las reglas de juego.  Una tasa impositiva justa. Y estímulo a la productividad.

Los trabajadores colombianos de la mano de nuestros empresarios han sido la gran fuente de desarrollo. Ellos saben que no existen unos sin los otros. Y que todos tenemos que apostar por una economía sostenible y sustentable, responsable con el medio ambiente y la sociedad. Sin radicalismos ambientales ni irresponsabilidad con el planeta. Tenemos que lograr el equilibrio entre la producción y el medio ambiente. Entre la transición y la sostenibilidad energética. 

Austeridad

Necesitamos un estado austero, donde los recursos públicos sean invertidos de manera inteligente, con eficacia y eficiencia. Sin desgreño administrativo, exceso de burocracia, ni duplicidad de funciones. 

Un estado descentralizado, que piense el desarrollo desde las regiones.

Y un estado transparente.

Oposición

A los colombianos les reiteramos que sabemos que hoy hay dos visiones diametralmente opuestas de país,  que obligan a una oposición democrática, inteligente, sin radicalismo ideológicos ni claudicaciones de principios; sin debilidad frente a la posverdad ni renuncia a la búsqueda permanente de la verdad verdadera; sin populismo, pero en constante diálogo popular. 

Hacemos un llamado para construir unidad en torno a lo fundamental, como la democracia que sigue siendo el mejor modelo de Gobierno; la defensa de las libertades, que incluye la libertad de empresa y el derecho a la propiedad privada; el fortalecimiento de la institucionalidad que representa la garantía de estabilidad. 

Finalmente, la lucha contra la corrupción tiene que ser un compromiso nacional, al igual que la recuperación de la ética y la moral en la política. Sin ello será imposible que avancemos.