Por: Exministro Fernando Londoño Hoyos

Tuvo razón –y cuánta- el Presidente Duque cuanto mostró su alarmada repulsa por el escándalo que sacude la conciencia nacional a propósito de la JEP y de los dinarios que son menester para comprar sus decisiones.

Para llegar al punto de nuestra novela policíaca, digna de Simenon, Agatha Christie y Conan Doyle, vengan en nuestro socorro algunos antecedentes de ese sedicente tribunal de justicia.

Es la JEP el único juez del mundo, y acaso por eso muchos sostienen que carece de antecedente histórico, donde los criminales escogen a sus jueces. No lo decimos nosotros, Dios nos libre, sino los mismos creadores de quien los investiga y juzga, es decir, los miembros de las FARC. El entusiasmo de Timochenko, reblandecido delincuente porque los infartos y las operaciones de corazón abierto hacen milagros, al llegar donde sus jueces, se le escapó a Borges en su Historia Universal de la infamia. Lo que pasa es que Borges murió mucho tiempo antes de presenciar ésta, la mayor de todas.

Pero no solo de ese antro moral viene la JEP. Porque es el primer caso en América donde después de los gritos de Independencia de 1.810 tenemos jueces, o algo que se les parezca, elegidos por extranjeros. Las FARC no podían equivocarse y temieron que no se encontrasen cinco colombianos suficientemente abyectos para designar los magistraduchos de su confianza. Así que acudieron a tres extranjeros, amigo de la ETA, el primero, servidor de SENDERO LUMINOSO, el segundo, y simpatizante activo y reconocido de LOS MONTONEROS, el tercero. Nada mejor que bandidos escogiendo bandidos para absolver los de su laya. Acompañaron el trío una farmaceuta comunista colombiana, también caso único en la Historia, y un deplorable Magistrado de la Corte Suprema, cuya fe Marxista Leninista estaba por fuera de cualquier duda.

De semejante dañado y punible ayuntamiento nace la deforme criatura, cuyo precio, establecido ya en la bolsa, es de dos millones de dólares por un simple concepto. No hay cálculo, todavía, de la cotización de una sentencia, porque años después de devengar lo que devengan estos personajes no han llegado al caso de dictar alguna.

Por eso vale la alarma y la vergüenza de nuestro Presidente al registrar la compraventa que se perfeccionó, en pequeña parte, en un hotel del norte de Bogotá. Pero no vale la extrañeza del Presidente ni de nadie porque algo así pudiera ocurrir. De la JEP ya sabemos cosas peores, como los conversatorios a puerta cerrada con los miembros de las FARC –horas de paja cruzada entre sujetos del mismo linaje-, el grotesco tema pendiente de las “penas alternativas” con que van a condenar a sus amigos y socios, y por supuesto el espectáculo que venían dando sobre la extradición de Santrich, uno de los más cómicos y revulsivos de nuestros anales judiciales.

Volviendo a nuestro tema, nos encontramos a boca de jarro con la noticia de que un Fiscal de la JEP, el tal Bermeo, es cuota del Tuerto Gil, guerrillero compañero de Petro en el M19, después amigo de Báez y otras joyas de las Autodefensas, y condenado por ello, accionista grande de SOL SALUD,  válganos Dios, y ahora gestor de dólares y favores cruzados entre la JEP y Santrich. Solo ese dato bastaría para poner al desnudo la textura ética de los personajes sobornados.

Apenas empiezan las cosas. Porque la gente no compra lo que no está en el mercado. ¿Imagina alguien que se hubiera ofrecido pagar favores a una Corte presidida por Jorge Aníbal Gómez, o a un Consejo de Estado de Alberto Zuleta Angel? Claro que no. Pero a una valida de Maya Villazón, el que quiso robarse el Parque del Festival Vallenato y hermano de paramilitares, cualquiera le apunta. Y para amigos de Santrich y Pacho Chino y El Paisa, va el tratamiento condigno.

No nos han dicho lo que pasó en el otro Hotel, el de los cuatrocientos sesenta mil dólares, ni quiénes eran los que ofrecían la plata, porque solo nos cuentan de los que recibieron la pequeña partija de los cuarenta mil. Lo que muestra que hablamos hasta ahora de la menuda y que pronto vendrá la historia gruesa. Claro, si la Fiscalía no se raja, por interés o por miedo. Esos tipos de Santrich son de cuidado y dan mucho plomo o reparten mucha palta.

El que no se nos puede amilanar es el Presidente Duque. El país entero clama porque objete la Ley Estatutaria de la JEP, la Corte que quiere mantener el monopolio de la impunidad para las FARC. Se trata de que sigan matando como de costumbre, secuestrando como siempre, violando niñas campesinas como jamás dejaron de hacerlo y por supuesto traficando cocaína. Esos delitos “permanentes” que no se le escapen. No tienen las FARC la exclusiva, pues no faltan socios, Pero casi. ¡Ánimo, Presidente!