Intervención del profesor Juan David Escobar Valencia

Foro de Medellín, 8 de octubre de 2022


El presidente Uribe aquí presente, rompió hace dos décadas la peligrosa tendencia que llevaba el país de volverse un estado fallido. Eso nunca tendremos con que pagárselo, y otros nunca se lo van a perdonar. Lo realmente interesante es que la fórmula para hacerlo es sencilla, pero a la vez potente, y fue resumida como la existencia de tres cosas, todas fundamentales pero interdependientes: la seguridad desde la democracia, la confianza inversionista desde la responsabilidad social, y la cohesión social desde las libertades.

Las cosas geniales se distinguen por la ausencia de complejidad, aunque tengan efectos en todos los ámbitos. Estos tres elementos son todos individualmente necesarios, pero no suficientes, y por eso fueron pensados como factores interdependientes.

En esta ocasión quisiera destacar que, si alguno de ellos es fundamental y permite el desarrollo de los otros dos, es la seguridad. La seguridad es el útero donde puede crecer la confianza. La confianza es la base de cualquier construcción social, y sin confianza, la cohesión entre todos se ve impedida por el instinto natural a la supervivencia individual.

Mi amigo Luis Guillermo Vélez Álvarez, acaba de hacer una excelente presentación de la situación y evolución de algunos indicadores de seguridad, y quiero felicitarlo por este análisis. Yo solo quiero complementarlo, refiriéndome a un delito en particular que casi nunca aparece bien identificado en los informes. Me refiero a la extorsión.

Hay una peligrosa tendencia a creer que la seguridad se mide en número de muertos, y no niego que es importantísimo, pero creo que hay algo más fundamental en términos de seguridad, que es la reducción del miedo, porque el miedo es el antídoto para la libertad, que fue por lo que Simón Bolívar decidió joderse la vida pudiendo dedicarse a rumbear en Europa, así como el presidente Uribe decidió también joderse la suya.

Según el diccionario de la RAE, extorsión es: delito consistente en obligar a otro con violencia o intimidación y ánimo de lucro a realizar u omitir un acto o negocio jurídico propio o de tercero.

Por falta de coraje y de respaldo institucional, el delito más presente en Colombia, aunque no se mida bien, es la extorsión. Dejamos que los delincuentes nos digan cuándo podemos o no salir a la calle, qué se puede vender o comprar, quién puede vivir en un barrio, hasta qué horas podemos caminar o nuestros niños jugar en la calle. Permitimos que la gente honesta y trabajadora, para no sufrir un daño tenga que entregar parte de sus ingresos, ganados con esfuerzo y dedicación, a parásitos que supuestamente los protegen, pero de ellos mismos. Eso es una vergüenza.

Acostumbrarnos a eso es señal de una sociedad acobardada y esclava, porque aceptamos que otros le pongan precio a nuestra libertad.

Uno de los padres fundadores de Estados Unidos, Benjamín Franklin, dijo que “quienes pueden renunciar a la libertad esencial para obtener una pequeña seguridad temporal, no merecen ni la libertad ni la seguridad”

Cuando la extorsión pasa desapercibida es porque aceptamos que sea parte normal de la vida, pero eso no significa que lo sea.Pensamos que con solo estar vivos, así sea estando esclavos, estamos seguros. Eso es una vergüenza.

Si otro decide cuánto y cómo vamos a vivir, y además tenemos que entregarle el fruto de nuestro esfuerzo, nadie, nadie, va a ser tan idiota de invertir sus ahorros para montar un negocio, generar riqueza, dar empleos y pagar impuestos. Este país no saldrá de la pobreza con más subsidios y más impuestos. Solo con más inversión de empresas.

Pasamos de ser identificados como empresarios a delincuentes. En la historia pasamos de don Hernán Echavarría y don Santiago Mejía, a don Pablo y don Berna. Pasamos de gobernantes que hicieron todo para que hiciéramos el túnel de La Quiebra, a gobernantes que casi quiebran el Túnel de Oriente. Pasamos de ser una ciudad donde nació Pintuco a tener una Pinturita de alcalde. Ahora es más rentable ser jefe de un combo que un emprendedor como Mauricio Toro.

Si la salud y la existencia de cada uno de nosotros y de sus hijos está en peligro constante por estos parásitos, el miedo y no la sangre es lo que corre por las venas. En medio del temor, la naturaleza humana empuja a pensar “en mi mismo” y no en “nosotros”. Y así nadie, nadie va a considerar que la cohesión social es una obligación. El terror rompe la solidaridad colectiva porque nos reduce a la supervivencia individual.

Nelson Mandela, que no es del todo santo de mi devoción, dijo con razón que “la seguridad y la protección no surgen por casualidad, son el resultado del consenso colectivo y la inversión pública. Le debemos a nuestros hijos, los ciudadanos más vulnerables de nuestra sociedad, una vida libre de violencia y miedo”

Sin seguridad no existe libertad. En 1826 Simón Bolívar escribió un borrador para la Constitución de Bolivia y dijo que “la libertad civil, es la verdadera libertad; las demás son nominales, o de poca influencia con respecto a los ciudadanos. Se ha escudado la seguridad personal, que es el fin de la sociedad, y de la cual emanan las demás”.

La seguridad no es de derecha o de izquierda, es de sentido común y una condición básica para que realmente seamos, y nos llamen, un país decente.

Muchas gracias.