Por: Paola Holguín 

Lo poco que he aprendido sobre el tema de víctimas, ha sido gracias a dos seres humanos extraordinarios, Herbin Hoyos y Diana Sofía Giraldo, ambos comprometidos en cuerpo y alma con los derechos de quienes deberían ser siempre el centro de nuestros desvelos.  

Dios nos arrebató muy temprano a Herbin, un periodista valiente, líder combativo y patriota de todas las horas; con él y con Diana Sofía, he tenido el privilegio de compartir luchas, desvelos y reflexiones; con ellos aprendí que la labor por las víctimas ayuda a recuperar la confianza en el Estado; es un acto de justicia que envía el mensaje correcto, que las víctimas son más importantes que los victimarios.  

A diferencia de tantos que han usado el discurso y a las víctimas, que las han instrumentalizado para sus fines; ellos las visibilizaron, ayudando a fomentar la solidaridad hacia las víctimas, buscando evitar que la sociedad se vuelva insensible y las convierta en una cifra; ellos han contribuido al duelo individual y colectivo; ellos han honrado a nuestros muertos y han convertido su recuerdo y a todas las víctimas, en impulso moral para luchar contra el crimen. 

Cuando hablaron de las víctimas, ellos entendieron que eran un punto de encuentro como Nación, que su reconocimiento se convertía en exigencia permanente para deslegitimar toda forma de violencia y que eran un factor que llamaba a la reflexión sobre nuestra historia y sobre el daño que el crimen ha causado a nuestra dignidad como seres humanos. 

En el tema de víctimas, el país ha avanzado gracias a iniciativas como, Las Voces del Secuestro, ese programa radial que por más de 20 años lideró Herbin Hoyos (1994- 2018), y que permitió no solo visibilizar a las víctimas de ese delito atroz, sino que también les llevó un poco de alivio gracias a los mensajes de sus familiares. 

También mejoramos gracias a toda esa lucha que venía adelantando Herbin con la Comisión Civil de la Verdad, esa organización de víctimas en todo el país que buscaba con la verdad rebatir esos intentos de los victimarios por crear un relato de la historia a su medida. Además, fue vital el impulso internacional de Diana Sofía, cuando organizó el V Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo en 2009 en Medellín, y toda la labor de reconciliación a través de la Fundación Víctimas Visibles. 

Desde los Gobiernos y el Congreso, también se han hecho algunos esfuerzos, como la reparación por vía administrativa del Gobierno Uribe, o la ley de víctimas de 2011, o el papel protagónico que se dá a las víctimas en el sistema penal acusatorio. Pero aún tenemos muchas tareas pendientes, por ejemplo, garantizar a miles de víctimas sus derechos a la verdad, la justicia, la reparación; la construcción de una memoria colectiva que cumpla un papel preventivo y sea instrumento de verdad y reconstrucción social; y frenar de una vez por todas la violencia, el crimen y la delincuencia para garantizar a las víctimas su derecho a la no repetición. 

Sabemos que la reparación total no es posible, porque nadie puede, por ejemplo, regresar a la vida a un hijo, a un hermano, a un esposo, a una madre; nadie puede devolvernos los años perdidos en un secuestro; nadie puede aliviar las marcas de un desplazamiento forzado; pero todo esfuerzo que se haga en dirección a la reparación, ayuda a que el dolor no se convierta en odio ni en venganza, sino en un factor que oriente al ser humano a saber integrarse mejor al prójimo. La reparación es una muestra de la solidaridad y la fraternidad que debe existir en una sociedad democrática y pluralista.   

Herbin no estará para continuar esa lucha, pero su recuerdo nos debe obligar e impulsar para continuar trabajando en favor de lo que era su desvelo, los derechos de las víctimas, la búsqueda de la verdad y la justicia.