Los actos vandálicos que desde hace varios días se desarrollan en la República de Ecuador no son producto de protestas ciudadanas espontáneas, sino de un plan internacional orquestado para subvertir el orden democrático en esa nación.
Los indicios recabados por las autoridades competentes, demuestran que el responsable de la desestabilización es el expresidente Rafael Correa, quien cuenta con el apoyo político, logístico y financiero del régimen venezolano, del Cartel de los Soles y del Foro de São Paulo.

No es la primera vez que Maduro intenta derrocar un gobierno legítimamente constituido. En el año 2009 participó activamente siendo canciller de Chávez en el intento de reponer por la fuerza al fallido dictador Zelaya en Honduras. En el año 2012, arengó personalmente al alto mando militar del Paraguay para que protagonizaran un golpe. Y hace menos de un mes, el gobierno de Iván Duque acusó a Maduro ante la Asamblea General de la ONU de apoyar a grupos narcoterroristas, como lo son las FARC y el ELN, para atentar contra las instituciones colombianas.

En septiembre pasado, dieciséis de dieciocho naciones latinoamericanas decidieron activar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, en contra del régimen venezolano, por considerar que Nicolás Maduro constituye una amenaza a la estabilidad y la paz de la región. Por su parte, el Gobierno de Colombia solicitó –por los mismos motivos– activar la Resolución 1377 del Consejo de Seguridad de la ONU.


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