Hace casi un año, en una conferencia con Fernando Savater, le escuché afirmar que “la democracia de los ignorantes es el populismo”, y es cierto, nada más fácil que parecer interesado en el pueblo y sus problemas, a partir de planteamientos emocionales y poco racionales, que en ocasiones permiten ganar elecciones, pero que terminan condenando a los países al fracaso. Esa parece ser la estrategia de Gustavo Petro, y se evidencia en cada una de sus intervenciones y propuestas. Esta semana volvió con el cuento de emitir billetes y préstamos del banco central sin intereses.

Petro parece creer que la riqueza de un país depende de la cantidad de dinero que circula y no de su nivel de producción, lo cual no es cierto. Cuando aumenta la cantidad de dinero sin crecimiento de la producción, lo que se produce es inflación, por eso el Banco de la República controla la cantidad de dinero que emite, porque si hay mucho dinero para comprar los mismos bienes y servicios, sucede lo obvio, aumenta el precio.

Además del problema inflacionario, si bien es cierto que el Banco puede emitir o prestar sin intereses con la aprobación unánime de la Junta Directiva, como se establece en el capítulo VI de la Constitución, se sabe que hacerlo aumentaría el costo del crédito público y privado, afectaría la credibilidad de la entidad, podría generar devaluación de la moneda, salida de capitales, pérdida del grado de inversión, e incluso desestimular el ahorro en pesos. El resultado, una economía inestable y con incertidumbre.

Yo no soy economista, pero basta observar la realidad de los únicos países Latinoamericanos cuyos bancos centrales emiten moneda para financiar a sus gobiernos, Argentina y Venezuela. Argentina, según MSCI acaba de perder la categoría de Emergente y pasó a Independiente, lo que lleva a un empeoramiento de sus condiciones de acceso a financiamiento y este año tiene una inflación que ronda 50%; de Venezuela no hace falta hablar, su moneda ya no tiene valor, la inflación se disparará a 5.500% este año según el FMI, los ahorros de la gente, en efectivo, en los bancos o en los fondos de pensiones, se esfumaron y de acuerdo con los ingresos, un 96% de la población está en condiciones de pobreza y un 79% en pobreza extrema.

Recordemos que la cantidad de dinero que circula en los países está ligado a la oferta y la demanda, a la productividad y a las necesidades del país, si se imprime más dinero no hace que el país automáticamente se vuelva más rico, porque lo que sucede es que la moneda pierde valor en su conjunto; por eso, los bancos centrales -en nuestro caso el Banco de la República-, y otros organismos, controlan la cantidad de dinero que circula. Por lo tanto, no es con esas ideas populistas, que solucionamos la actual coyuntura, el país tiene otros mecanismos para financiar la deuda y/o aplazarla sin perjudicar la economía y sin terminar en la ruina total.